diumenge, 28 de maig del 2017

Ángel Rodríguez






ÁNGEL RODRÍGUEZ
Alumne d'ESPA i accés a la universitat




Hablar de uno para los demás se me hace difícil, quizás por vergüenza o pudor. No obstante, aquí van estas líneas.
Empezaré diciendo que nací en la Barcelona de la inmigración antes de los años 60 del pasado siglo –cuando lo pienso, a veces no me lo creo–. ¡Qué mayor me he hecho! Yo que leía a Aldous Huxley y sus teorías del cambio de mundo en 1984, yo que leía cómics sobre la evolución y el mundo perfecto del siglo XXI, y resulta que ya casi estamos en los años 20 de este siglo XXI de rápida evolución y de cambios.
Bueno, dejemos la paja y vayamos al grano, que es lo interesante. Yo de pequeño, en la edad escolar, tenía una persona de la que era un fan, me caía muy bien, lo admiraba: era el policía municipal de mi barrio. Era un personaje alto, simpático, buena persona, vecino de escalera… Él siempre nos saludaba con unos sonoros buenos días, nos protegía en el camino hacia el colegio y cuando podía venía a enseñarnos algunas normas de comportamiento y de tráfico. Era un fan y socio del Barça, incluso consiguió que Kubala se pasara por el cole para darnos una muestra magistral de dominio del balón. ¡Fue maravilloso! Y eso que a mí no me gusta el fútbol. Para no alargarnos más, me motivó para que yo algún día siguiera sus pasos. Y así fue, tras el servicio militar –algo que a los jóvenes de ahora no les suena pues ya no es obligatorio– seguí su estela.
En Ibiza, entré a ejercer de policía local en mayo de 1980 tras un periodo de prueba y cuatro meses de Academia en Palma de Mallorca. Durante mi vida laboral he trabajado más de 20 años de policía en la zona Patrimonio de la Humanidad. El trabajo de policía ha cambiado mucho en estos años. Antes había un respeto a las personas mayores, profesores, médicos y, sobre todo, a los padres y a la familia. Como yo digo alguna vez: no había mucha cultura pero sí mucha educación.
Bueno, trabajando se tienen muchas experiencias y se aprende mucho, incluso Psicología y hasta Derecho. Porque en la calle se enfrenta el policía a gentes muy variadas, desde el que te dice claramente que su profesión es robar hasta el que te roba con traje y corbata, no te lo dice pero también lo pillas. Los primeros años de policía tenía que hacer de bombero, conductor de ambulancia y hasta de guardia carcelero.
Ibiza ha cambiado mucho: la ciudad ha pasado de tener 15.000 habitantes a más de 51.000, y tan solo en 11 km2. De un pequeño puerto con pescadores y barcos de Barcelona a un gran puerto en Botafoc para cruceros y transatlánticos, megayates, mercantes, además de los que nos traen las mercancías.



El turismo ha traído prosperidad y beneficios, pero a cambio hemos perdido la paz y la tranquilidad. Tenemos un maravilloso patrimonio, que muchas veces la gente que vive en la isla ignora. Las murallas fueron declaradas monumento nacional en 1957 (en la era moderna las querían tirar) y el 9 de diciembre de 1999 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad, lo que para mí es un orgullo. Tenemos las praderas de posidonia, que hacen que nuestras aguas marinas sean limpias y cristalinas. Tenemos la única necrópolis fenicio púnica del mundo. Ibiza es una isla para quererla y respetarla, de ello depende nuestro futuro.

Pasando a otro tema, soy alumno de la Escuela de Adultos porque pronto llegará mi jubilación y quiero aprovechar para aprender y estudiar lo que no pude de joven. Tengo esperanza de poder ser estudiante universitario de Derecho, y algún día ejercer libremente.

Para acabar, quiero dar las gracias a los magníficos profesores que tiene la Escuela y decir que, en lo posible, siempre estaré en disposición de ayuda en lo que se me requiera.


diumenge, 21 de maig del 2017

M. Dolores López





M. DOLORES LÓPEZ

Alumna d'Accés UIB




Mi nombre es Loli. He compartido con vosotros un breve periodo de tiempo en la escuela de adultos y hoy quiero compartir con vosotros una de mis mayores pasiones: "los inventos".

Para que me conozcáis un poco más os diré que soy una mujer separada de cuarenta y pocos, con tres hijas, las cuales me apoyan en todos mis proyectos, por muy locos que parezcan. He tenido la suerte que la naturaleza me ha dotado con bastante creatividad y me fluyen las ideas patentables, vamos, que siempre digo en broma que soy un filón para los chinos.

El mundo de los inventos es un poco complejo ya que solo un 2% de las patentes llegan a buen puerto, a veces algunas ideas son inviables, bien por incompatibilidad de materiales o porque no salen rentables; otras veces ya estan en el mercado aunque nunca las hayamos visto y otras, son poco prácticas. En fin, que hay que atar bien el proyecto.

Os hablaré de un pequeño invento que tengo ya patentado. Espero que sea el primero de una larga lista. Se trata de un soporte de señalización vial con base elástica, que evitaría males mayores en caso de impacto especialmente a los motoristas.


Además he ido a varias ferias de inventos. Me hicieron una breve entrevista en la COPE y un artículo en la campaña "Ponle freno" de Antena  3. 

Solo les quería decir que una idea en un cajón no vale nada y que se animen a mover sus ideas y les den forma.
Saludos


diumenge, 14 de maig del 2017

M. José Moreno Cortés




M. JOSÉ MORENO
Alumna Accés UIB



Desde bien pequeña si me preguntaban que quería ser de mayor, contestaba que maestra. Seguramente lo decía porque yo era la empollona de la clase, más que empollona, era la que siempre sacaba sobresaliente, aunque realmente no estudiaba mucho. Tenía una facilidad innata para aprender y me resultaba todo muy fácil. Por este motivo, mis maestros siempre me encomendaban la tarea de ayudar a los compañeros que tenían más dificultad y yo era su maestrilla. Primaria fue mi mejor etapa académica, sobresaliente de nota media final.
A pesar de mi facilidad en el estudio, al llegar al instituto me desanimé totalmente. Final de los ochenta, para estudiar magisterio debías viajar fuera de la isla, y las opciones que se podían estudiar aquí, turismo y empresariales, no me gustaban nada. A mí lo que me gustaba era ser maestra.
Pertenezco a una familia de etnia gitana y en aquella época mis padres no entendían lo que suponía valer para estudiar y las posibilidades que ello te podía abrir. ”En Ibiza es muy fácil encontrar trabajo, ¿para qué te quieres calentar la cabeza?”, me solían decir. Y eso de enviarme fuera a estudiar, siendo gitana… como que no. Afortunadamente en la actualidad su mentalidad sobre el estudio ha cambiado y tengo su total apoyo.
 
  
De esta manera, en 3º de BUP dejé los estudios y me incorporé al mundo laboral. Trabajé (realmente no he tenido malos trabajos porque he sido espabilada y los idiomas no se me dan mal), me casé, tuve dos hijas preciosas, pero las ganas de estudiar y la sensación de que me faltaba algo, nunca cesaron.

 
No podía ir a la universidad porque nunca hice la selectividad. Año tras año me decía a mí misma: “este año hago el acceso para mayores de 25 años”, y año tras año yo misma me quitaba las ganas: “no tengo tiempo”, “¿dónde voy yo con mi edad?”, “el temario es muy extenso”…Yo misma me ponía los límites.

Por fin, en septiembre de 2016, me matriculé en el curso de acceso de mayores de 25 años del CEPA Pitiüses, podría haberme matriculado para mayores de 45 años, que ya los tenía cumplidos, pero el de mayor de 25 es más completo y te sirve como titulación oficial de bachiller. Desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a la labor de todos los profesores del CEPA Pitiüses y su dedicación a la enseñanza.

No os voy a mentir, hay que estudiar si quieres aprobar, no hay misterios. Sin embargo con el apoyo de los profesores, la asistencia a clase y por supuesto el estudio, apruebas seguro. También es muy gratificante tener compañeros que en mayor o menor medida están en tu situación. Te das cuenta de que no eres un bicho raro, que lo mismo que te sucede a ti, le pasa a mucha gente, y te sientes comprendida y arropada. 

El segundo día de exámenes, cuando acabé el último examen, nunca lo olvidaré, fue el de historia, me metí en un baño de la universidad y lloré y lloré de la emoción de haber hecho, por fin, aquello que siempre me había propuesto. ¿Por qué no lo había hecho antes?. No puedo explicarlo, nosotros mismos nos ponemos las trabas.

El esfuerzo tuvo su recompensa, aprobé y además con buena nota. Había merecido la pena. Finalmente el ciclo se había completado. 

Y, ¿a partir de ahora, qué? ¡Ahora nadie me va a parar, ni yo misma!. Voy a matricularme en educación primaria y voy a seguir estudiando, poco a poco, sin prisas, no me va la vida en ello. ¡No me voy a quedar con las ganas de saber lo que es estudiar en la universidad!

Os animo a seguir vuestros sueños, o a quitaros la espinita clavada en vuestro corazón, como me pasaba a mí. Simplemente hay que hacerlo, no darle más vueltas, no ponerse más barreras ni límites.

Sólo tenemos una vida, ¡hazlo!


María José Moreno Cortés




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diumenge, 7 de maig del 2017

Armando La Orden



ARMANDO LA ORDEN

Alumne de 4t d'ESPA




Mi nombre es Armando La Orden Mateu y nací en Valencia el 11 de junio de 1976. Tengo que decir que de mi infancia en Valencia (que es donde nació mi padre) no recuerdo mucho ya que con siete años mis padres decidieron venir a vivir a Ibiza (que es el lugar donde nació mi madre), es por eso que me considero ibicenco: mi infancia, amigos y mi vida están aquí en la isla.
Cuando llegué a Ibiza, recuerdo que fue un poco difícil para mí. Cursaba segundo de EGB y ese año repetí curso. Vivíamos en una casa propiedad de mi madre en el barrio de sa Peña y no fuimos bien acogidos por los vecinos, me lo hicieron pasar mal, con algún que otro tortazo de los niños del barrio. A mis 10 años de edad nos mudamos al maravilloso pueblo de Jesús donde viví mi adolescencia.
A finales de los 80 y principios de los 90, en casa eran épocas duras de crisis económica. Mi padre tuvo suerte y en esa época se puso a trabajar en el puerto en una conocida naviera. Unos años después, cuando terminé 8º con 16 años, empecé en esa naviera a trabajar. Con los estudios no fui muy constante y desaproveché la oportunidad de graduarme, terminé 8º de EGB pero suspendí.
Toda mi vida he trabajado en la misma empresa, empecé como mozo recadero, repartí propaganda, amarrador, pero llegó un momento en el que a mí me interesó mucho el mundo de la mar y decidí hacerme marino, pero había un inconveniente: tenia que estudiar. La empresa me facilitó el poder sacarme la titulación correspondiente y los diversos cursos necesarios. Posteriormente me ofreció un puesto inicialmente en un barco mercante. Fue entonces cuando comenzó mi época como marino. Con 20 años y mucha energía no tuve problema en ir haciendo promoción interna y de mozo de cubierta, que fue como empecé, fui ascendiendo poco a poco y llegué a maestranza, que era el puesto más alto al que podía llegar sin ser oficial mercante.


En esa época vivía para trabajar y me olvidé de que tenía una vida, familia, hijos… Materialmente no me faltaba nada ni a mí ni a mi familia, pero en unos años me quedé vacío pese a que conocí sitios muy bonitos y descubrí que no hace falta estar acompañado para no estar solo. Ocho años después dejé de navegar y cambié de puesto en la misma empresa, pasé a ser personal de tierra, operador de muelle y año tras año haciendo lo posible por sentirme realizado, volcándome en mi trabajo y satisfaciendo a todo el mundo menos a mí.


Hace dos años tomé la mejor decisión de mi vida, pedí una excedencia, decidí sacarme la ESO y encontrar el trabajo que yo quisiera, el trabajo que me llene y que me haga feliz, que me haga sentir bien cada día. Como soy un poco obsesivo/compulsivo tomé decisiones rápidamente y me fui a Valencia y estuve unos cuantos meses de voluntario en una residencia al cuidado de un señor para ver si el trabajo de cuidador o celador o algo relacionado con el cuidado de personas encajaba conmigo. Fue una experiencia preciosa, ese señor que se llama M. y que tanto paseé y tantos momentos de silencio tuvimos, me enseñó lo que es dar sin esperar nada a cambio, hacer las cosas para que otra persona se sienta bien sin interés económico ni material, me di cuenta de que quería dedicarme a eso, ayudar a los demás.
A mi regreso a Ibiza en septiembre de 2016 me topé con la realidad y es que sin la ESO no me puedo dedicar profesionalmente a trabajar en ningún sitio relacionado con lo que ahora me gustaría hacer y es por eso que me matriculé en el CEPA. Tengo que reconocer que no me está siendo fácil pero tengo un fin y pongo todo mi empeño para ello y conseguir mi objetivo. No descarto seguir estudiando en la rama de sanidad y animo a tod@s a que sigan su sueño y que crean que todo es posible.
Gracias por darme la oportunidad de contar mi historia.


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Participació al projecte "Versos entre illes" per celebrar l'Any Europeu d'Educació de Persones Adultes

Participant al taller d'escacs durant les Jornades Culturals 

diumenge, 30 d’abril del 2017

María Jesús Díez



MARÍA JESÚS DÍEZ

Alumna de català A2 i B1
Curs 2016-17




Vaig néixer el dia 5 d’octubre de 1990 a Madrid, després em vaig traslladar a un poble anomenat Arganda del rey, al sud-est de Madrid, on vaig passar 23 anys a casa dels meus pares.
Era una noia petita, pèl-roja, amb molt caràcter i molt inquieta.
La meva infància va ser molt maca, amb moltes amics. Després, quan vaig tenir 13 anys, es va complicar una mica en començar l’adolescència, però no va ser un problema per mi perquè era molt forta.
Vaig tenir moltes aficions com la natació i el ball. Ballar m’agradava molt. Ballava ball modern, flamenc i ballet, encara que m‘agradava més el modern, on podia expressar-me com realment sóc.
L’adolescència va ser una època una mica dura però vaig poder superar-la i aprovar l’educació secundària. Vaig poder passar a batxillerat d’art que m’agradava tant!
Vaig fer moltes pintures i obres d’art aquells anys, ja que tenia molt temps lliure. Ara és més difícil poder trobar una estona per dibuixar, però quan pugui no dubtaré a tornar-ho a fer.
Quan va arribar la selectivitat es van acabar les coses bones! Em vaig passar molt de temps estudiant per aprovar-la.
Vaig aprovar-la i em va costar molt trobar la carrera i la universitat perfecta per mi. Quan vaig trobar-la, vaig decidir fer educació especial ja que m’agrada molt ajudar a tothom. Va ser una de les millors eleccions que he fet a la vida perquè és la meva vocació ara.
Després, quan vaig acabar la carrera, em va ser molt difícil trobar feina i vaig decidir fer una altra carrera: educació infantil. Vaig trobar feina en una associació de persones amb discapacitats, com a monitora d’oci, però va ser com una formació per mi perquè no em va donar gaires diners i no vaig poder independitzar-me encara.
Per aquest motiu, vaig començar a estudiar quiromassatge i massatge tailandès, que em va agradar molt com a afició, però després vaig poder treballar d’això. I així és com vaig pensar a fer la temporada a Eivissa i vaig conèixer aquesta magnífica illa. Vaig venir durant 3 anys a fer la temporada i el tercer any vaig conèixer el meu al.lot.
Quina decisió aquella, que va fer enamorar-me i trobar-me molt completa personalment!
Ens vam traslladar a Madrid a l’hivern i vaig trobar a faltar molt l’illa i vam decidir traslladar-nos de nou a l’illa i així van començar els astres a alinear-se, encara que vaig trobar a faltar molt la meva família per estar allunyada d’ells!
A Eivissa vaig trobar feina en un centre psicopedagògic amb nens petits amb trastorn d’espectre autista, on vaig ser molt feliç. Amb el temps vaig acabar el contracte i vaig haver de buscar una altra feina.
Vaig trobar feina com a acompayant de transport escolar i com a professora de classes extraescolars d’anglès i reforç de totes assignatures en un col.legi.
Des de setembre estic aprenent català perquè el necessito per poder fer classe a les escoles.
Ara acabo de trobar una nova feina en una associació de persones amb discapacitats, que començarà a fer la vida més senzilla a aquestes persones a Eivissa, que abans havien d’anar a altres llocs per poder tractar-se.
M’agrada molt aquesta feina, ja que puc treballar amb aquestes persones, que és el que més m’agrada. Ara mateix estic treballant a Palma de Mallorca per uns mesos per fer una formació. El  juliol seré per Eivissa treballant a Santa Eulàlia en un centre de dia. Tinc moltes ganes de començar allí. Estic molt contenta de poder fer el que m’agrada!
 "L’ensenyament que deixa petjada no és el que es fa de cap a cap, sinó de cor a cor."  (Howard G. Hendrick)


Per saber-ne més

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Una de les meues pintures que més m'agrada

foto de Escola de Persones Adultes d'Eivissa i Formentera - CEPA Pitiüses.
Amb els companys de català A2

diumenge, 23 d’abril del 2017

Esperança Marí Maians

Esperança Marí Maians, professora de l'àmbit de comunicació del CEPA Pitiüses des del curs 15-16. 
En aquesta entrevista del programa "Sa cadira" de la TEF la podem conèixer una mica millor.


L'ensenyament d'adults: necessitat de millora urgent:

diumenge, 9 d’abril del 2017

Marilena Conti


MARILENA CONTI

Alumna d'espanyol per a estrangers




AMAR EL ARTE, ¿POR QUÉ?

“Hay un instante mágico para el espectador de una obra de teatro: cuando por fin entra en ella. Puede suceder mientras lee la obra o en el teatro, frente al escenario”.

Algunas personas tienen amor por el arte porque crecieron en una familia de artistas, otras no se sabe bien por qué tienen semilla de artista en su propio ser. Yo empecé de niña a pensar que me gustaría ser bailarina o, en cualquier caso, pisar el suelo de madera de un escenario. De verdad, el arte, la palabra y el teatro han entrado en mí de una manera muy diferente.
Mi padre hacía reformas en la parte interior de los teatros, las tramoyas; y yo, mientras estudiaba en la universidad, trabajaba con él porque me fascinaba ese lugar mágico donde no hay ficción sino piezas de vidrio de vidas que se rompen y recomponen como en un caleidoscopio. Lo bueno era que podía entrar en los teatros cuando estaban vacíos o cuando los actores ensayaban, sin el brillo y sin los ruidos de los aplausos, solo sus voces que rebotaban desde la garganta al corazón o a la madera para volver a su escritor, una alma dada en préstamo. Yo me quedaba a mirar ese mundo, escuchando y saboreando el aire, respirando despacio para no hacer ruido.

Dos cosas subieron a mi corazón: la primera fue que yo sola, de toda la familia, comprendía y compartía el trabajo de mi padre, que no se reducía a ganar dinero. Y ese hilo que en el silencio nos unía se hacía más fuerte y, al mismo tiempo, mi pasión crecía. La segunda fue que sin saberlo, el pasear por ese lugar extraño, respirar el polvo, escuchar el sonido del suelo de madera, de las cadenas y cuerdas que subían y bajaban, mirar a los artistas que abrían sus corazones a mil emociones, todo eso era como recibir una herencia para toda mi vida.

Así fue como el alma y el arte empezaron a compartir mi vida, y los sueños llegaron a cubrir una realidad que no siempre podré agradecer porque, de verdad, es así: se hace arte para hablar con amigos imaginarios o para expresar una parte muy escondida de nosotros, se hace arte para hablar a los que no tienen sueños y se sientan en los patios de butacas para dejar pasar un tiempo en ellos -lo que sucede es que no puedes estar sentado en una silla y no venir tocado de ese aliento-, se hace arte para encontrarte a ti mismo en  otra persona, un trocito de ti mismo.

Voy a vivir en un personaje -lo que prefiero de aquella obra-, y no será el personaje quien se quede en mi alma, no. Será lo contrario, yo me voy a vivir en él con mi carácter, mis temores y mis sonrisas, y el milagro de esto es que va a nacer una persona nueva cada vez, todas la noches, todas la pruebas, todas la réplicas. Esto es lo que le pasa a un artista: renacer.

Yo tenía 18 años y me iba sola a lugares para mí mágicos como: los teatros, los cines o las salas de música. Iba sola porque normalmente los chicos de 18 años se iban a buscar chicas a la discoteca y no perdían el tiempo esperando encontrar la locura de Carmelo Bene, las oscuridades de Vittorio Gassman, las contradicciones de Eduardo de Filippo o el ruidoso ladrar del alma de Lavia, con todo el vecindario desesperado y vivo. Momentos de paz y de violencia verbal que se alternaban en el escenario y yo como una esponja, absorbiendo, elaborando y engullendo todas las palabras o imágenes que chocaban contra mi corazón.

Al final de todo, amo el polvo, el olor y el sonido vacío, el grito, la risa, el llanto; amo todos los lugares mágicos que un artista tiene por dentro y me encanta que en tan poco espacio se puedan desarrollar mil emociones humanas. Me gusta pensar que soy como Winnie, de Días felices de Becket, prisonera de un gran amor que quiero expresar de mil maneras diferentes, una prisión que llena el ruido vacío. Y si  quieres, podemos compartirlo y vivirlo juntos, en plena libertad porque todo esto sirve para dar y no para quitar,  para sanar y no para abrir heridas, porque solo sé una cosa: que nunca un acto artístico va a hacer daño. Los artistas tienen una herramienta en sus manos que puede ser peligrosa, nunca debe ser un cuchillo y siempre debe ser una palabra que sana aunque sea una verdad real y muy dura.

Per saber-ne més

Las comidas de las abuelas

No se por qué pero sabía que esta historia no me iba a caer muy bien. Después me acordé de que no siempre tienes dos abuelas, no siempre tienes abuelas que se aman, y también no siempre tienes abuelas que cocinan.

Yo tenía dos abuelas, lo que pasaba es que no se hablaban, no, mejor dicho,  nunca se conocieron ni encontraron, y no era porque vivieran lejos. Mi abuela paterna era milanesa, totalmente del norte, de pura raza, la última de los Carugati, dinastía milanesa de siete generaciones y decía que fuera del barrio donde nació y vivió (Porta Ticinese) eran todos “Terrones” del Sur. Para Edvige y su marido, Milán empezaba y terminaba alrededor de Porta Ticinese. Una mujer glacial, con porte austríaco, ojos azules muy claros, casi de hielo, pelo rubio y piel blanca y que tenía detrás una larga historia. Pero tengo que hablar de comida y, de verdad que ¡Edvige nunca cocinó para sus nietos! ¡Nunca nos invitó a comer a su casa! Íbamos a su casa para verla y saludarla, a veces ella cantaba porque tenía una voz de soprano. Yo escuchaba y aún hoy recuerdo las letras de las canciones que no estaban en italiano sino en milanés. Ella nos contaba la historia de principios del siglo XX porque nació al final del siglo XIX, y lo hacía preparando una taza de leche con una gota de café muy largo y galletas Oro Saiwa.
Nada más, esta era la comida para los nietos de mi abuela paterna que, a pesar de todo, tenía un sabor y un calor que nunca más he sentido. Era una leche muy densa, una leche auténtica que tenía por encima una pequeña capa de crema, bocado delicioso que se podría conseguir solo cuando se abría una botella nueva. Una sola vez y nada más. Era una leche de verdad, para los nietos, sin microondas, calentada con un pequeño fuego dentro de un mueble de madera, que no se hacía en un momento, necesitaba un tiempo. ¿Y qué decir de las tazas? Eran anchas, de porcelana blanca, de las que se toman con ambos manos. En Milán hacía mucho frío, y también en su casa, donde no había verano. Por eso, la leche que calentaba las manos era, pensándolo bien, una buena comida.

¿Y la abuela materna? Ah, ah ah, ella era una “ terrona” y yo soy una mezcla de sangre del norte y del sur, porque mi abuela era de Aversa, cerca de Caserta. D’Arienzo era su apellido como el de uno de los edificios históricos de Caserta. ¡De sangre noble y sin dinero! Mi abuela Magda vivía en un pueblo cerca de Milán y cocinaba muchísimo. ¿Sabéis cómo hace la gente del sur? Todo se resuelve alrededor de una mesa; la  felicidad y las tragedias, siempre y en cualquier caso comiendo.Y si era Pascua o Navidad la comida era muy especial, hecha de salsa que cocinaba durante horas, de “casatiello”, un pan especial hecho con harina mezclada con manteca de cerdo y por dentro tenía salami, queso, huevos -todos los que habían quedado abiertos en la nevera-.
Un sabor y un olor que no se puede olvidar. Y como eso muchas otras cosas, polpettone de ternera picada, anchoas en aceite. Mi abuela no tenía un plato especial, hacía una comida que influyó totalmente en mi cocina. Eran comidas eternas, que empezaban a la una y terminaban cuando estábamos cansados y ya era la hora de irse a casa. No era una comida, era un ruidoso congreso de familia durante el cual se podía pelear y también amarse y, en medio de todo este barullo, el que nunca se ponía nervioso era mi padre que sentado tranquilo y con pocas palabras se aprovechaba de todo lo que la mesa podía ofrecerle. Magda hacía la comida como para ofrecer lo mejor que tenía en su casa y ella también como Edvige cantaba, solo que lo hacía en napolitano. Por eso yo no hablo solo italiano, inglés y un poco de español, hablo y canto en milanés y napolitano, y como y cocino comida de Milán y de Nápoles.


POEMA

Ascolta

Se voglio piangere, lasciamelo fare.
Non devi fare nulla,
solo, tenermi dolcemente la mano.

Se voglio parlare, ascoltami.
Devo ricordare
per non dimenticare momenti preziosi,
fino a quando i pezzi di cristallo
torneranno a essere bicchieri.

Se voglio stare in silenzio, ancora ascoltami.
Siediti di fronte a me,
guardami in faccia,
i miei silenzi parlano di parole che aiutano a guarire.

Si è aperto un buco,
il mio cuore batte lentamente,
e, a poco a poco,
scopro una nuova forma di amore
fatto di un filo sottile
che ricama nuove storie,
per riempirlo.                               


Escucha

Si quiero llorar, déjame que llore.
No tienes nada que hacer,
solo sostén suavemente mi mano.

Si quiero hablar, escúchame.
Tengo que recordar
para no olvidar los momentos preciosos,
hasta que los trozos de cristal
se conviertan de nuevo en vasos.

Si quiero estar en silencio, una vez más, escúchame.
Siéntate  frente a mi,
mírame a la cara,
mis silencios hablan de palabras que ayudan a sanar.

Se ha abierto un agujero,
mi alma late lentamente,
y, poco a poco,
descubro una nueva forma de amor
hecho de un hilo finísimo
que borda nuevas historias,
para llenarlo.